Ni siquiera soy una cara bonita

6.03.2011

El onceavo

Otro pinche wey se sube al camión y te cuenta que salió, apenitas, quizá hace una hora, del reclusorio de nosédónde porque lo cacharon poniéndole solución al octavo o noveno o décimo mandamiento, el que dice que no envidies al prójimo; lo encontraron practicando a la inversa el quinto o sexto o séptimo, quizá hasta sea el mismo, el de no robarás y pum, lo metieron al tambo. Pero te dice que no te quiere atracar, que es bandita, que quiere unos pesitos a la buena. Sin embargo no cofías en la Santa Muerte de tinta azul y corriente que trae rayoneada en el brazo derecho y que te mira allí, donde tienes el dinero. Pinche Santa Muerte con vista de rayos x. Y todos le dan un peso, dos, algún aterrado compañero de viaje le suelta cinco. Y los miras a todos cooperar para la pistola que se va a comprar dentro de quince días, todos aflojan menos tú. No vas a darle ni un centavo, con un peso que te falte el próximo micro no te lleva hasta tu casa, y ni madres que vas a caminar 30 calles por un huevón como ése. Huevón y ladrón. Culero, que se ponga a trabajar en lugar de intimidar al prójimo. Ese sí debería ser un mandamiento, "no intimidarás a la bandita".

3 comentarios:

  1. Yo siempre les doy los chicles que me dan de cambio en las tienditas. :)

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  2. No les des nada, quizá un niño con mal aliento los necesite más. Yo ni los volteo a ver.

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