Ni siquiera soy una cara bonita

6.07.2011

Las horas

Una tarde decidí salir por la puerta pequeña de la secundaria técnica a la que asistía. Lo decidí porque llevaba conmigo un ramo de flores amarillas y el cabello alborotado, no quería que mis compañeros me vieran con flores e hicieran preguntas. El sol quemaba, mi mochila pesaba más que yo y Angélica, mi mejor amiga, aún no salía. Siempre esperaba a Angélica para caminar juntas, sin importar que ella viviera en otra colonia. Me senté en la banqueta y dejé las flores a un lado, no me importaba si las pisaban un poco. 

De pronto se me acercó Gabriela, la chica más popular de mi grupo, una de las más populares de la escuela. En esa época no entendía porqué los chicos se fijaban en ella: era feona de cara, usaba frenillos, tenía nariz de cotorro, la voz chillona y era medio estúpida. Ahora lo comprendo: tenía senos; pocas niñas de 12 años tenían senos 34 C. Gabriela no era mi amiga, me hablaba sólo cuando teníamos que trabajar en equipo o para pedir mis notas en tiempos de exámenes. No era mi amiga.

Entonces, ¿ya andas con Dani? —me preguntó, mientras se sentaba a mi lado.
—No. No sé. Creo que no.
—¡¿QUÉ?! ¡Pero si yo los vi hablando antes del receso y los vi juntos en el tiempo libre.
—Sí, pero no.
—¿Por qué no?
—Daniel es un tipo raro.

Y lo era. Habíamos estado juntos ya un año, ahora cursábamos segundo y también estábamos en el mismo grupo, y así sería el año entrante. En mi secundaria los grupos siempre eran fijos y sin posibilidad de cambio, los 30 alumnos del grupo F compartíamos todas las clases, talleres y actividades artísticas, a menos que alguien reprobara, ese alumno casi siempre era expulsado. Daniel era uno de los pocos hombres en mi salón, porque a los hombres no les gusta tomar secretariado; eso es para nenas y unos cuantos valientes que no quieren cursar carpintería ni electricidad. Y Daniel estaba ahí. Y era raro, rarísimo. Era moreno, muy moreno, con los ojos pequeños y un poco rasgados, delgado y de estatura media. Y un ñoñazo, siempre participaba, siempre aprobaba los exámenes con las mejores calificaciones, todos los profesores le adoraban tanto como a mí, la otra nerd. Pensándolo bien, a mí no me adoraban los profesores, porque era muy escandalosa y discutía con ellos. Escuincla irreverente. Y Daniel también tenía los dientes blancos, blanquísimos, y los colmillos de fuera. Parecía vampiro. Y su risa era horrible, reía como idiota, jadeaba un poco. Era raro. Aún recuerdo nuestra primera conversación.

—Tú te llamas DARA.
—Sí. ¿Y tú?
—Daniel. Ibas en la primaria de al lado, en las mañanas.
—¡Ajá! ¿Tú también?
—Sí, pero en la tarde. Te vi en sexto año, te sentabas en la última fila, junto a la ventana. Compartías mesa con un chico pecoso.
—Con Omar, sí. ¿Cómo sabes?
—Porque yo te veía, yo tomaba inglés en ese salón, una hora después de que terminaban tus clases, pero siempre llegaba antes.
—¿Por qué?
—Por nada... También te vi en quinto, algunas veces, pero no sabía en qué grupo estabas.
—Ah... en el B, siempre fui en el B.
—Ah. Siempre me sentaba en tu banca.
—¿Sí?
—¡SÍ! Tengo todos los sacapuntas que olvidabas, eres muy olvidadiza.
—Ah, jeje, sí, un poco. Este, te veo luego, ¿vale?

Y siempre procuré que ese luego nunca llegara. No me gustaba hablar con Daniel, no me gustaba que me viera, y muchas veces lo sorprendí haciéndolo. Es alagador que un chico mire a una chica, no me malinterpreten, pero no me gustaba cómo lo hacía Daniel. Y cuando notaba que yo lo miraba mirarme se reía, con esa risa idiota que me molestaba. Y no dejaba de mirarme.

—Dani es un chico lindo.
—Si es tan lindo sal tú con él—le dije a Gabriela. Ella me miró sorprendida, no estaba acostumbrada a que la gente le contestara de golpe.
—Pero él te quiere a ti. Le gustas desde uuuuuuuuuuuuhhhhhh...
—Ya va, tú también le gustas, todo el salón lo sabe. Hasta tú.
—Qué va.
—Mjm.
—Además las flores las traes tú, te pidió a ti que anduvieran.
—(Porque tú eres una perra que lastima a todos los chicos) Pues, sí...
Qué lindo, pocos regalan flores cuando te piden ser su novia.
—Quédatelas.
—¿Qué cosa?
—Las flores, llévatelas.
—¿Por qué? ¿Te regañan en tu casa si te ven con flores?
—Claro que no, no seas tonta. Pero no las quiero.
—¡¿Qué?! ¡Pero si te las dio Dani!
—No me gustan las flores.
—¿Por qué? ¿Estás loca?
—No tengo un jarrón para ponerlas.

Recuerdo que fue en la clase de física. Daniel volvía a mirarme y Angélica lo mandó a la verga. Era la única chica tan grosera como yo. Y Daniel la odiaba poquito. Pero estábamos en física y de pronto Laura me pasó un papelito. Bueno, no era un papelito, era media cuartilla de cuaderno tamaño carta. "¿Cómo estás?" decía la bonita letra de Daniel. Tenía letra bonita, hasta eso. "Bien" le respondí y se la envié de vuelta. Después de media hora la hoja estaba casi llena y decía prácticamente nada. Y yo sabía en qué iba a terminar eso y trataba de desviar el tema. 

Finalmente, Daniel me dijo que me veía bonita, lo que era gracioso, muy gracioso, porque una hora antes tuvimos clase de deportes, así que estaba roja, despeinada y apestaba. Y lo supuse todo, todo encajaba: las flores debajo de su silla, el perro de peluche debajo de la de su mejor amigo, el perfume de su papá en su suéter café. TODO. Y no sabía qué hacer. Y Angélica se reía. Y ya todo el salón sabía de qué iba la cosa (Daniel habría sido un buen periodista, tenía esa habilidad de contar todo a todos en breve y un salón lleno de mujeres es el caldo de cultivo perfecto para que corran los chismes). Llego el momento, leí "¿quieres ser mi novia?" y no supe decir que no. Aproveché que la maestra de física era medio sonza para salir del salón sin que lo notara. Corrí al baño y me paré junto a los lavamanos a esperar a Angélica. Me lavé las manos y salpiqué un poco la misiva, ahora de amor, que me había enviado con Daniel. Llegó Angélica acompañada de Laura, Fanny y Susana.

—Wey, ¿Qué pedo?
—No sé, Angélica, ¡no sé!, mira —le pasé la hoja con la letra de Daniel. Mis cuatro amigas la leyeron.
—Ay, qué lindo—dijo Fany.
—Qué marica, ¿por qué no se lo dice en su cara?—dijo Angélica.
—Alamejor le da pena, es bien penoso—lo defendió Susana.
—Dile que sí—dijo Fany, opinión que apoyaron Laura y Susana.
—¿Te gusta?—Angélica debió ser "interrogadora" de la CIA o algo.
—No sé. A veces es lindo, y siempre baila conmigo en danza, pero es que es BIEN RARO.
—Pues ya dile que sí, si después no sale bien cortan y ya—dijo Laura, la única experta en el tema. Ninguna había salido con un chico, exceptuándola, era la más bonita del salón con su largo cabello rubio, sus ojos color miel, su piel blanquísima, alta, flaquita, nariz recta...
—Van a tener hijos con dientes de chupacabras —dijo Angélica, mientras se arreglaba el pelo.
—O con ojos de rayita —se burló Susana.
—O peor, hijos CON DANIEL.
—Ya, pendejas.

Le escribí a Daniel que lo pensaría, hablamos de muchas cosas en el receso y me dio flores y un perro de peluche. Un perro. Yo quería un gato. Al final quiso acompañarme a casa pero le dije que llevaría a Angélica a la suya y que tendría que ser otro día. De todos modos no soltó mi mano hasta que decidí huir por la puerta chiquita. Y ahora tenía a Gabriela hablándome de amor. Pinche vieja, ni que fuera mi amiga.

—Creo que es un chico lindo y atento.
—Ahmm.
—Se ven bien juntos.
—Dos feos dan un guapo o algo así, no sé.

Y Angélica llegó. Angélica siempre llegaba para salvarme. Mi heroína. Le puso caras a Gabriela y le quitó las flores que había recogido para sentarse a mi lado.

—¿Y esa qué?—me preguntó cuando nos alejamos de Gabriela.
—Quería saber qué onda con Daniel.
—Cuidadito y te lo baja.
—Mñé.
—Oye, no vayas a tener hijos con Daniel.
—Vete a la verga.

Al llegar a casa le di el peluche a mi hermana y las flores a mi mamá. No pensé en Daniel durante toda la tarde, hasta que su mejor amigo me llamó para hablar de tarea. Ni hablamos de Daniel, era él quien me gustaba. Ahora yo era una Gabriela y como no me gusté ni me crecieron los pechos, decidí hablar claro con Daniel al día siguiente. Bueno, ni tan claro, le di muchos motivos por los que no deberíamos ser novios pero omitiendo que su mejor amigo me gustaba, "estoy confundida", "no estoy lista para salir con chicos", "estoy ocupada por las tardes", "mi amor está con la patria". Lo nuestro duró unas siete horas y nada más.

Querido Daniel, si algún día lees esto, quiero que sepas que no quise lastimarte. Y que quiero mis sacapuntas de vuelta.

8 comentarios:

  1. Mi amor está con la patria y con este post. :)

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  2. ¡Hermoso! No tan hermoso desde el ángulo del chico, pero sí muy bonito desde aquí.
    Te quiero, Daris.
    Pd. Yo también fui en 2º F.

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  3. Que paso con el amigo??? Por favor SIGUE!!!!!

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  4. No mames, Daris, es que no puedo dejar de pensar en esto, creo que este chico es el amor de tu vida, ¡haz algo¡ búscalo por el amor del señor eterno de los jotqueis afuera de la iglesia de cada colonia.
    Necesito un final de alguna telenovela de Belinda para poder superar esto.

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  5. Creo que ahora Daniel es gay, Pan. Entré a su FB y le gusta Daft Punk, Tiesto y Lady Gaga.

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  6. No importa, siempre fue rarísimo... hablale jajajajaja

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  7. Mi amor está con la patria... robaré esa frase!

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  8. "Dos feos dan un guapo" Te amaré siempre, por esa frase. :)

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